miércoles, 9 de enero de 2013

Soy una extraña

Hoy...al momento en que llegó mi padre de trabajar lo esperaba a él y a mi hermano con la comida caliente como se suele hacer en esta casa desde que recuerdo, pues algo que mi viejo no soporta es que lo que se le sirve tenga un gusto frío.

Sin embargo mi hermano ha entrado y me dice que ya comieron. También le ofrecí solo a mi hermano un poco de agua a la cual se negó seguido de la pregunta: ¿Como te fue en tu entrevista de trabajo? a la cual me derrumbé por completo pues no fui ya que mi papá me dijo la noche anterior que como iría vestida y seguida a esa pregunta yo le respondí con otra "¿Porque? y con desdén y dureza mencionó lo siguiente: "Vas a ir con tus pantalones todos así. ¿Aún no entiendes que te ves mal verdad? Ya caíste en que no te importa como te ves ni como te ve la gente. Ya no te importa tu vida. A mí honestamente ya no me interesa lo que hagas, pero entiende que en cualquier trabajo al que vallas te van a discriminar por tu aspecto. No comes nada y me engañas todo el tiempo. Me mandas mensajes en los que pides que te tenga confianza pero haces todo lo contrario para tenerla de vuelta. Yo no soy tonto y te digo las cosas en tu cara. No soy y no voy a ser como tu madre y te lo dije. Vete como estás. Encerrada y ahí metida. Si quieres trabajar trabaja, si quieres comer come, si no quieres hacerlo no lo hagas. Con migo ya no cuentas para nada. Si deseas ir con tus doctores ve. A mí ya me da igual. Llevo un año diciendo lo mismo y nada...estás muy joven, muy joven para que tires tu vida. Gózala"

No supe que decir, pero obviamente me destruyó la moral. Las ganas de querer ir a esa entrevista en la que me citaban el día de hoy a las 10:00 am. Se me acabó todo sentido de superación por encontrar un nuevo empleo y...¿a quien no? con dichas palabras a cualquiera se le va el alma a suelo y con ello todo lo que deseas.

Quisiera escuchar palabras de aliento de ese hombre al que admiro, pero solo recibo reproches. Me duele profundo, hondo. Es de esos momentos en los que deseo desesperadamente abrazarme al regazo de mi madre y esconderme como una niña chiquita, pero de nuevo todo tengo que guardármelo como lo hice durante toda mi vida hasta que decidí abrirme con mi madre y con mis psicólogos y mi psiquiatra, que por cierto, ya nos podré visitar más dado que no tengo los recursos económicos para pagar mis terapias. Hace mucho, incluso de que mi papá me expresara su desesperación, que no recibo el dinero para pagar mis tratamientos o medicinas. Yo he tenido que pagarlo con mis ahorros bancarios que no son muchos y ahora menos que no tengo con que sostenerlos.

Debo apegarme a mis planes apagados de querer continuar con el camino de la vida y las palabras que retumban y retumbarán en mis oídos y mi sien hasta que me muera.

No culpo a mi padre por hablarme a así. Es más, lo comprendo a la perfección. Ha de ser horrible ver a un hijo desintegrarse de a poco hasta que no queda nada. Pero eso queda de mi alma y ganas de superarme. Nada. No me queda nada, salvo este espacio para seguir expresándome como lo hice en esta entrada.

Saludos 

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