IMPRECACIÓN, PERFECCIÓN Y VANIDAD.
Imprecación improvisada y turbia
que detecta destellos de ira fatal,
mortal, aromática y romántica
cual historia de divino masoquismo
que intensificó la pasión imposible
y ya caduca en lo que alguna vez fue mi ser altivo
y nunca tocado por la duda.
Azotó el silencio oscuro y virgen al espacio vacío.
Profanó mis sentidos y llenó mis labios
de la bordeada y penada palabra maldita
que hacía eco al pronunciar su perfumado nombre.
Castigada por mi vanidad vuelta en caos
y llena de magnificencia.
Sin ser eremita del caos de mi vanidad
que hoy me muestra su limpia y bella espalda.
Erguida y huesuda por la perfección
que alguna vez creí tocar.
Aclamé su presencia.
Lloré su regreso.
Me rendí ante sus brazos y abrí los ojos.
Nada. No hay nada.
No hubo nada.
Se secó la palabra y se ausentó el sentimiento por él.
Por aquel amor que guardé en la comisura de mis labios
que tan solo una vez rozó.
Caminata perdida y en bruma
que cuenta aquella historia tonta y triste
que dejó trozos de mi.
De recuerdos que me abrazaron de pánico
y muertes momentáneas
que me hicieron penar por mi perfección perdida,
mi vanidad que dice prohibida
y la imprecación futuramente juzgada.
Me rasgó el pasar del tiempo
y la enloquecedora soledad
que me susurró al oído lo indecible…
lo que no me atrevo a recordar.
Mirada gacha y paso flaco
significó su nombre
que aclamé a fallidos gritos,
conformándome con las piezas bailadas
al compás de su recuerdo,
ese borroso rostro que aún me estremece
en la imaginación del ayer
y de la presencia del pasado.
Despidiéndote ahogo.
Me resigno al hoy
con paso firme y ya no falso.
Recupero el orden que encuentro en mi caos.
Y vuelvo a sentir el abrazo
de lo que para mí es perfección.
Aún no hay nada, pero lo hay todo.
Fuerza inminente en mi mirada negra.
Viento que hace volar mis cabellos negros
Como ese amor pasado.
Ese pasado que me enaltece por haberlo vivido y haberlo soportado
pues voz alzada me permite
no volver a imprecar.
